El presidente Daniel Noboa salió al paso de las declaraciones del expresidente Rafael Correa, quien desde su residencia en Bélgica calificó a Ecuador como un "país marginal". La respuesta del mandatario no se limitó a la retórica: Noboa presentó cifras concretas sobre la reducción de homicidios en las provincias fronterizas más golpeadas por la violencia y aprovechó para marcar distancias con el modelo de gasto público que caracterizó a la llamada Revolución Ciudadana.
El origen de la confrontación: Correa y el "país marginal"
Las declaraciones de Rafael Correa, vertidas en sus habituales intervenciones desde el extranjero, generaron una ola de reacciones en el espectro político ecuatoriano. El expresidente utilizó el calificativo de "país marginal" para referirse al Ecuador actual, en lo que fue interpretado como una crítica directa a la gestión de Noboa en materia de relaciones internacionales y posicionamiento geopolítico.
Para entender el peso de estas palabras, es necesario recordar que Correa gobernó Ecuador entre 2007 y 2017, un período marcado por el boom petrolero y un gasto público sin precedentes que, si bien expandió la infraestructura y los programas sociales del país, también dejó un legado de endeudamiento y una institucionalidad debilitada. Desde su salida del poder —y particularmente desde su condena por cohecho en el caso Sobornos—, Correa ha mantenido una presencia activa en redes sociales y medios afines, desde donde cuestiona sistemáticamente a los gobiernos que le sucedieron.
La respuesta de Noboa, lejos de caer en el intercambio de descalificaciones, se enfocó en datos duros, una estrategia que busca contrastar su gestión con la narrativa correísta desde la evidencia y no desde la emotividad.
Las cifras que presentó Noboa: Esmeraldas como caso emblemático
El dato más contundente esgrimido por el presidente fue la reducción del 35% en la tasa de homicidios en Esmeraldas, una de las provincias más afectadas por la violencia vinculada al narcotráfico y a las disputas entre grupos del crimen organizado. Esmeraldas, ubicada en la frontera norte con Colombia, se convirtió en los últimos años en uno de los epicentros de la crisis de seguridad que llevó al gobierno a declarar el conflicto armado interno en enero de 2024.
Esta reducción no es un dato menor. Esmeraldas registró en 2023 algunas de las tasas de homicidios más altas del país, con episodios de violencia extrema que incluyeron asesinatos de candidatos políticos, ataques con explosivos y enfrentamientos entre bandas criminales. Que la cifra haya descendido en un porcentaje significativo sugiere que la estrategia de mano dura implementada por el gobierno —que incluye operativos militares permanentes, estados de excepción focalizados y cooperación con fuerzas internacionales— está generando resultados medibles en las zonas más críticas.
El presidente también hizo referencia a mejoras en otras provincias fronterizas, aunque sin detallar cifras específicas para cada una. Lo relevante del mensaje es la narrativa que construye: mientras Correa critica desde la distancia, el gobierno actual enfrenta —con resultados tangibles— la peor crisis de seguridad en la historia del Ecuador.
El contraste con el gasto público del correísmo
Otro eje de la respuesta presidencial fue la comparación del gasto estatal. Noboa destacó que su administración opera con menores recursos que los que tuvo a disposición el gobierno de Correa, y aun así ha logrado avances en indicadores clave de seguridad. Este argumento apunta a una de las críticas más recurrentes de los analistas económicos al modelo correísta: la insostenibilidad del gasto público financiado con deuda y petrodólares.
Durante la década correísta, el presupuesto general del Estado llegó a superar los 36.000 millones de dólares en sus años pico, impulsado por precios del petróleo que alcanzaron los 100 dólares por barril. El gobierno de Noboa, en cambio, opera en un contexto fiscal mucho más restrictivo, con una economía que arrastra los efectos de la pandemia, la caída de la producción petrolera y los costos de la crisis de seguridad.
"No somos un país marginal. Somos un país que enfrenta sus problemas con menos recursos y más resultados", fue el mensaje central del mandatario, según recogieron medios como El Universo y Radio Centro.
Este contraste tiene implicaciones políticas profundas de cara al proceso electoral de 2025. Noboa busca posicionarse como un gestor eficiente que hace más con menos, frente a un correísmo que, pese a haber contado con recursos históricos, dejó al país sin ahorros y con una institucionalidad que facilitó la penetración del crimen organizado en el Estado.
¿Por qué importa este intercambio?
Más allá de la anécdota política, este cruce de declaraciones refleja la disputa por la narrativa sobre el Ecuador contemporáneo. Correa necesita sostener la idea de un país que se deteriora sin su modelo para mantener vigente su proyecto político a través de la Revolución Ciudadana y sus candidatos. Noboa, por su parte, necesita demostrar que la crisis que heredó —particularmente en seguridad— es manejable y que su gobierno está produciendo resultados concretos.
Los datos de reducción de homicidios en provincias fronterizas son, en ese sentido, una herramienta política poderosa. No porque resuelvan la crisis de seguridad —que sigue siendo gravísima a nivel nacional—, sino porque permiten al gobierno mostrar una tendencia positiva en las zonas donde la situación era más desesperante. Si estas cifras se sostienen en los próximos meses, Noboa habrá construido un argumento difícil de rebatir para quienes, como Correa, buscan descalificar su gestión desde el exterior.
El desafío para el gobierno, sin embargo, sigue siendo enorme. Reducir homicidios en una provincia no equivale a desmantelar las estructuras criminales que operan en todo el territorio. Pero como primer paso, las cifras hablan por sí solas.