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Estado de excepción deja siete detenidos en Guayas, incluido alias 'La Vaquita' de las Águilas

Estado de excepción deja siete detenidos en Guayas, incluido alias 'La Vaquita' de las Águilas

Los operativos permitieron el decomiso de armas, drogas y dispositivos electrónicos en una provincia golpeada por el crimen organizado

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La maquinaria operativa desplegada bajo el estado de excepción vigente en Ecuador sigue produciendo resultados concretos. En las últimas horas, fuerzas combinadas de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas ejecutaron una serie de operativos en la provincia de Guayas que dejaron como saldo siete personas aprehendidas, entre ellas un individuo identificado con el alias de 'La Vaquita', presuntamente vinculado a la estructura criminal conocida como las 'Águilas'. El decomiso de armas de fuego, sustancias ilícitas y teléfonos celulares complementa una jornada que el gobierno de Daniel Noboa presenta como prueba de que la estrategia de mano dura no ha perdido intensidad.

Los detalles de los operativos y la captura de 'La Vaquita'

Según información difundida por medios como La Posta y Radio Centro, los siete aprehendidos fueron capturados en distintos puntos de la provincia del Guayas durante operativos coordinados que incluyeron allanamientos, controles vehiculares y patrullajes intensificados. Las intervenciones se realizaron al amparo de las facultades extraordinarias que otorga el estado de excepción, herramienta constitucional que permite a las fuerzas del orden actuar con mayor celeridad y sin las restricciones procesales habituales.

El caso que más atención ha generado es el de alias 'La Vaquita', a quien las autoridades señalan como integrante de la banda de las 'Águilas', una estructura delictiva que opera en la costa ecuatoriana y que ha sido relacionada con actividades de narcotráfico, sicariato y extorsión. Si bien los detalles sobre su rol específico dentro de la organización no han sido completamente revelados, su captura se inscribe dentro de una estrategia más amplia de desarticulación de mandos medios y operadores logísticos de las bandas criminales que asolan Guayas.

Entre el material incautado durante los operativos se reportan armas de fuego de distintos calibres, cantidades no precisadas de sustancias sujetas a fiscalización y varios dispositivos celulares que serán sometidos a análisis forense. Estos últimos resultan particularmente relevantes para la inteligencia policial, ya que suelen contener información sobre redes de contacto, rutas de distribución de drogas y cadenas de mando dentro de las organizaciones criminales.

Guayas: el epicentro de una guerra que no cede

No es casual que los operativos más contundentes del estado de excepción se concentren en Guayas. La provincia más poblada de Ecuador se ha convertido en el principal campo de batalla entre el Estado y las organizaciones narcodelictivas que disputan el control territorial de puertos, rutas logísticas y zonas urbanas estratégicas. Guayaquil, Durán, Samborondón y otros cantones han registrado en los últimos años tasas de homicidios que superan con creces los promedios nacionales, impulsadas por la pugna entre grupos como Los Lobos, Los Choneros, Los Tiguerones y las propias Águilas.

El estado de excepción, renovado de manera sucesiva por el gobierno de Noboa desde enero de 2024 cuando estalló la crisis de seguridad con la toma de un canal de televisión y motines carcelarios simultáneos, ha sido la principal herramienta jurídica para sostener la presencia militar en las calles. Sus críticos señalan que la medida se ha normalizado y que no ataca las causas estructurales de la violencia. Sus defensores —entre los que se encuentra el propio Ejecutivo— argumentan que sin esta presión constante, las bandas recuperarían terreno rápidamente y la ciudadanía quedaría aún más expuesta.

Los números respaldan parcialmente la postura gubernamental. Desde la implementación de los estados de excepción sucesivos, la tasa de muertes violentas ha mostrado una tendencia a la baja respecto a los picos registrados en 2023, aunque las cifras siguen siendo históricamente altas para un país que hace apenas una década figuraba entre los más seguros de la región.

La estrategia de desarticulación: más allá de las grandes cabezas

La captura de alias 'La Vaquita' ilustra un giro táctico en la estrategia de seguridad del gobierno. Si bien las detenciones de líderes de alto perfil generan mayor impacto mediático, los expertos en seguridad coinciden en que la desarticulación efectiva de una organización criminal requiere golpear todos sus niveles operativos. Los mandos medios, los operadores financieros y los enlaces logísticos son, en muchos casos, más difíciles de reemplazar que los propios cabecillas.

En este sentido, los operativos en Guayas apuntan a una lógica de presión sostenida: no se trata de un solo golpe espectacular, sino de una acumulación de acciones que buscan degradar la capacidad operativa de las bandas. Cada arma decomisada es un arma que no se usará en un ajuste de cuentas. Cada celular incautado es una potencial mina de información de inteligencia. Cada detenido es un eslabón menos en una cadena que depende de la coordinación para funcionar.

Sin embargo, la sostenibilidad de esta estrategia depende de factores que trascienden lo puramente militar y policial. El sistema judicial debe procesar con eficiencia a los detenidos para evitar que regresen a las calles por errores procesales o vencimiento de plazos. El sistema penitenciario debe garantizar que las cárceles no sigan funcionando como centros de comando de las propias bandas que se busca combatir. Y la política social debe ofrecer alternativas reales a quienes son captados por las redes criminales como mano de obra descartable.

¿Qué viene después?

El gobierno de Noboa enfrenta un desafío dual: mantener la presión operativa mientras construye una institucionalidad de seguridad que pueda funcionar sin depender permanentemente de medidas excepcionales. Los resultados en Guayas muestran que cuando el Estado actúa con determinación, tiene la capacidad de generar impacto. La pregunta de fondo sigue siendo si ese impacto puede traducirse en una paz duradera o si, una vez levantada la excepcionalidad, el crimen organizado recuperará el terreno perdido con la misma velocidad con la que lo cedió.

Por ahora, los siete detenidos de las últimas horas —y particularmente alias 'La Vaquita'— representan una señal: el Estado no ha soltado el pie del acelerador. Queda por verse si el motor institucional tiene la resistencia suficiente para una carrera que, todo indica, será larga.