Un golpe estratégico contra la estructura operativa de Los Choneros
La captura de alias 'Pepe' no es una detención más en la larga lista de operativos que las Fuerzas Armadas ejecutan semana a semana en el territorio ecuatoriano. Se trata de un objetivo de alto valor —catalogación que el Estado reserva para los blancos más relevantes dentro del organigrama criminal— y su caída representa un golpe directo a la capacidad operativa de Los Choneros, la organización narcodelictiva más extendida y letal del país.
Según reportó Radio Centro, el Ejército detuvo a Pedro M. en el sector Barbasco, perteneciente al cantón Santa Lucía, en la provincia del Guayas. El operativo, de carácter militar, se ejecutó con información de inteligencia previa y sin que se reportaran enfrentamientos ni víctimas colaterales, lo que sugiere un trabajo de seguimiento prolongado antes de la intervención.
La importancia de esta captura radica en el rol que las autoridades atribuyen a 'Pepe' dentro de la estructura criminal: jefe de sicarios. En la jerarquía de cualquier organización narcodelictiva, quien controla el brazo armado es una pieza insustituible. No solo coordina asesinatos por encargo, sino que gestiona redes de reclutamiento, logística de armas y la ejecución de las órdenes que mantienen el control territorial de la banda.
Los Choneros: una organización debilitada pero persistente
Para entender el peso de esta detención es necesario repasar el contexto. Los Choneros son, históricamente, la organización criminal más poderosa del Ecuador. Nacida en la provincia de Manabí y expandida hacia Guayas, Los Ríos, Esmeraldas y otras zonas estratégicas, esta banda ha sobrevivido a la muerte y encarcelamiento de varios de sus líderes, incluido el asesinato de su fundador, Jorge Luis Zambrano, alias 'JL', en diciembre de 2020.
Desde entonces, la organización ha experimentado fragmentaciones internas que derivaron en alianzas y guerras con otras bandas como Los Lobos, Los Tiguerones y Los Lagartos. Estas disputas fueron el combustible de la crisis carcelaria que estalló en 2021 y que dejó centenares de muertos en los centros de privación de libertad del país. También explican, en buena medida, la espiral de violencia que convirtió a Ecuador en uno de los países más peligrosos del continente.
A pesar del debilitamiento que han sufrido por capturas, extradiciones y bajas en operativos, Los Choneros conservan una capacidad operativa significativa. Su red de sicariato es, precisamente, uno de los engranajes que les permite mantener influencia: quien controla la violencia, controla el territorio. De ahí que la detención de su presunto jefe de sicarios sea un golpe que trasciende lo simbólico.
La estrategia de objetivos de alto valor: resultados que empiezan a verse
La política de seguridad del gobierno de Daniel Noboa ha priorizado, desde la declaratoria del conflicto armado interno en enero de 2024, la identificación y captura de los llamados objetivos de alto valor (OAV). Esta estrategia, inspirada en modelos aplicados en Colombia y México, parte de una premisa clara: desarticular organizaciones criminales desde arriba, golpeando a los líderes y mandos medios que resultan más difíciles de reemplazar.
La captura de alias 'Pepe' se inscribe en esta línea. No se trata de detener a un gatillero cualquiera, sino a quien supuestamente coordinaba toda la maquinaria de muerte de una de las bandas más peligrosas del país. Si la información de inteligencia es correcta y el proceso judicial prospera, esta detención podría generar un efecto en cascada: testimonios, delaciones, identificación de otros miembros de la red.
Es importante señalar, sin embargo, que la efectividad de esta estrategia depende de lo que ocurra después de la captura. Ecuador ha tenido un historial preocupante de detenidos que recuperan la libertad por fallas procesales, falta de pruebas admisibles o corrupción judicial. La Fiscalía General del Estado tendrá la responsabilidad de construir un caso sólido que sostenga la prisión preventiva y, eventualmente, una condena proporcional al perfil del detenido.
Santa Lucía y la geografía del crimen en Guayas
El lugar de la captura también es revelador. Santa Lucía es un cantón rural de la provincia del Guayas, ubicado en una zona agrícola que, a primera vista, parecería ajena a las dinámicas del crimen organizado. Sin embargo, precisamente estos territorios se han convertido en refugio para cabecillas que huyen de los operativos en las zonas urbanas de Guayaquil, Durán o Daule.
La ruralización del crimen organizado es una tendencia que los analistas de seguridad vienen señalando desde hace al menos dos años. Las bandas buscan zonas con menor presencia policial, acceso a rutas fluviales y carreteras secundarias, y poblaciones donde puedan pasar desapercibidos o ejercer control social mediante la intimidación. Que el Ejército haya logrado localizar a 'Pepe' en un sector como Barbasco demuestra que la inteligencia militar está alcanzando rincones que antes permanecían fuera del radar.
Lo que viene: proceso judicial y la necesidad de sostener los resultados
La detención de alias 'Pepe' es una noticia positiva para un país que necesita señales concretas de que la lucha contra el crimen organizado avanza. Pero la experiencia reciente obliga a la cautela. La verdadera victoria no se mide en el momento de la captura, sino en la capacidad del Estado para procesar, juzgar y condenar.
El gobierno de Noboa ha apostado por una política de mano dura que, según las encuestas, cuenta con respaldo mayoritario de la ciudadanía. Operativos como el de Santa Lucía refuerzan esa narrativa y, más importante aún, generan resultados tangibles. La pregunta que queda abierta es si el sistema de justicia ecuatoriano estará a la altura de lo que las Fuerzas Armadas están logrando en el terreno.
La captura de un jefe de sicarios no elimina la violencia de un día para otro, pero sí envía un mensaje claro: el Estado está llegando a donde antes no llegaba, y los líderes criminales ya no tienen refugios seguros.