La reciente encuesta realizada por la firma Comunicaliza, que revela que el 64,1% de los ecuatorianos apoya la presencia de militares estadounidenses en territorio nacional, marca un hito histórico en la evolución de la política de seguridad del país. Este dato no es meramente estadístico; representa un cambio de paradigma profundo en la percepción ciudadana sobre la soberanía y la necesidad de contar con aliados internacionales de primer nivel para enfrentar una crisis de seguridad sin precedentes. La magnitud del respaldo popular valida la decisión estratégica del presidente Daniel Noboa de buscar una cooperación militar directa con Washington, rompiendo con la retórica de autosuficiencia que caracterizó a administraciones anteriores.
El fin de la retórica de soberanía absoluta
Por décadas, la política exterior ecuatoriana, influenciada por gobiernos de izquierda, se había anclado en una interpretación rígida de la soberanía que impedía la cooperación militar directa con potencias como Estados Unidos. Esta postura, que a menudo se disfrazaba de antiimperialismo, dejó al país desarmado ante la sofisticación logística y tecnológica de los carteles de la droga. La actual coyuntura demuestra que la ciudadanía ha comprendido que la soberanía no es un concepto abstracto que protege fronteras, sino la capacidad efectiva del Estado para garantizar la vida y la libertad de sus habitantes.
El respaldo del 64,1% indica un rechazo masivo a las políticas de 'mano blanda' que permitieron que el crimen organizado se instalara en las calles y en las instituciones. La población entiende que la amenaza del narcotráfico es transnacional y, por lo tanto, requiere una respuesta transnacional. La presencia de instructores y personal de inteligencia de EE.UU. no se ve como una ocupación, sino como una transferencia de capacidades críticas que el Estado ecuatoriano no posee internamente en la escala necesaria.
"La seguridad no conoce de fronteras ni de ideologías; ante una amenaza existencial, la alianza estratégica es la única vía para recuperar el control del territorio nacional.", según análisis de expertos en defensa.
La estrategia de Daniel Noboa y la alianza con Washington
El gobierno de Daniel Noboa ha posicionado a la alianza con Estados Unidos como el pilar central de su Estado de Excepción y su estrategia de lucha contra el narcotráfico. Esta decisión se enmarca en una visión de centro-derecha que prioriza la eficiencia, el libre mercado y la seguridad como prerrequisitos para el desarrollo económico. Al abrir la puerta a la cooperación militar, el Ejecutivo busca no solo la intervención táctica, sino la modernización estructural de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
La administración de Noboa ha sido clara en que esta cooperación se basa en la reciprocidad y el respeto a la Constitución, pero con la flexibilidad necesaria para actuar con contundencia. El apoyo mayoritario de la ciudadanía le otorga al presidente un mandato democrático sólido para continuar negociando los términos de esta alianza, que incluye el intercambio de inteligencia, el uso de tecnología de vigilancia avanzada y el entrenamiento de personal en operaciones especiales. Esto es fundamental para desmantelar las células de comando de las FARC y el Clan del Golfo que operan en el país, según La Posta.
Implicaciones para la estabilidad regional y económica
La aprobación de esta medida por parte de la mayoría de los ecuatorianos tiene implicaciones que trascienden la seguridad interna. Una zona de paz en Ecuador es vital para la estabilidad de toda la región andina, que ha sido afectada por el desbordamiento de la violencia criminal. Además, desde una perspectiva económica, la seguridad es el activo más valioso para atraer inversión extranjera directa. Los mercados globales requieren certeza jurídica y física para operar, y la alianza con EE.UU. envía una señal clara de que Ecuador está comprometido con la recuperación de su orden público.
La economía ecuatoriana, que ha sufrido los embates de la incertidumbre y el cierre de rutas comerciales debido a la inseguridad, necesita este impulso para reactivarse. La confianza de los inversionistas no se basa en promesas retóricas, sino en hechos concretos como la cooperación militar internacional. El respaldo popular del 64,1% es el termómetro que indica que la sociedad está dispuesta a apoyar medidas de mano dura y alianzas internacionales siempre que estas se traduzcan en calles más seguras y oportunidades de trabajo. El camino hacia la recuperación económica pasa, ineludiblemente, por la victoria sobre el crimen organizado.