En medio de un escenario de seguridad complejo que ha obligado al gobierno de Daniel Noboa a decretar toque de queda en varias provincias del país, los cortes de energía eléctrica han generado alarma entre la ciudadanía. Mientras el ministro de Energía, Roberto Reimberg, asegura que las interrupciones del servicio obedecen exclusivamente a operativos de seguridad, una señal de alerta paralela se ha encendido: el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) ha solicitado a empresas privadas que enciendan sus equipos de generación ante la baja producción hidroeléctrica en varias zonas del país.
La coincidencia de ambos fenómenos —cortes planificados por seguridad y un sistema eléctrico bajo presión— configura un panorama que merece análisis profundo, especialmente considerando que Ecuador arrastra un historial reciente de crisis energéticas que afectaron severamente la economía y la vida cotidiana de millones de personas.
¿Qué explicó el gobierno sobre los cortes durante el toque de queda?
El ministro Reimberg salió al paso de las especulaciones y explicó que los cortes eléctricos registrados durante las horas de toque de queda responden a operativos coordinados con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Según el funcionario, estas interrupciones focalizadas son una herramienta operativa que facilita las acciones de control territorial en zonas donde se realizan intervenciones de seguridad.
Esta práctica no es nueva. Durante el conflicto armado interno declarado en enero de 2024, el gobierno ya recurrió a suspensiones temporales del servicio eléctrico en sectores específicos como parte de la estrategia contra grupos del crimen organizado. La lógica detrás de esta medida es limitar la capacidad de comunicación y vigilancia de estructuras criminales durante los operativos nocturnos.
No obstante, la explicación oficial no ha logrado disipar completamente la preocupación ciudadana. En redes sociales, usuarios de varias provincias reportaron apagones prolongados que, según denunciaron, excedían las ventanas horarias del toque de queda y afectaban zonas residenciales donde no se registraban operativos visibles. Este tipo de percepción ciudadana es comprensible en un país que vivió apagones masivos de hasta 14 horas diarias durante la crisis eléctrica de 2024.
La señal de alerta del Cenace: embalses en niveles bajos
Más allá de los cortes vinculados a la seguridad, el elemento que genera mayor inquietud entre analistas del sector energético es la comunicación del Cenace solicitando a generadoras privadas que activen sus equipos de respaldo. Esta medida se toma cuando la generación hidroeléctrica —que representa aproximadamente el 75% de la matriz energética ecuatoriana— no alcanza para cubrir la demanda del sistema nacional interconectado.
Según reportes de medios como Primicias, Radio Centro y Sucre Noticias, la baja generación hidroeléctrica se ha registrado en varias provincias del país, lo que evidencia que los niveles de los embalses no se encuentran en condiciones óptimas. Esto resulta particularmente preocupante si se considera que Ecuador se encuentra en una temporada en la que históricamente los caudales de los ríos deberían estar en proceso de recuperación.
El llamado a la generación privada implica la activación de centrales térmicas que operan con diésel o gas, lo que encarece significativamente el costo de producción de cada kilovatio hora. Este sobrecosto es absorbido en gran parte por el Estado, lo que añade presión fiscal a un gobierno que ya enfrenta un escenario económico ajustado y busca consolidar la disciplina en el gasto público.
El fantasma de la crisis de 2024 y las lecciones pendientes
Es imposible analizar esta coyuntura sin recordar la devastadora crisis eléctrica que vivió Ecuador durante 2024, cuando la combinación de estiaje severo, falta de inversión en mantenimiento de centrales y ausencia de planificación a largo plazo provocó racionamientos que paralizaron parcialmente la economía nacional. Se estima que las pérdidas económicas superaron los miles de millones de dólares, afectando especialmente al sector productivo, comercial y de servicios.
El gobierno de Daniel Noboa heredó un sistema eléctrico deteriorado y ha emprendido acciones para fortalecer la infraestructura de generación, incluyendo contratos para la incorporación de nueva capacidad térmica de respaldo y negociaciones para importación de energía. Sin embargo, la dependencia estructural de la hidroelectricidad sigue siendo la gran vulnerabilidad del sistema. Mientras no se diversifique de manera sustancial la matriz energética —incorporando gas natural, energía solar y eólica a escala significativa—, el país seguirá expuesto a los ciclos hidrológicos.
En este contexto, la decisión del Cenace de activar generación privada debe entenderse como una medida preventiva, no necesariamente como el preludio de una nueva crisis. La diferencia con 2024 es que las autoridades parecen estar actuando con mayor anticipación, activando protocolos antes de que la situación se vuelva crítica. Esto es un avance en la gestión, aunque no resuelve el problema de fondo.
Transparencia: la clave para evitar la especulación
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el gobierno en esta materia es la comunicación. La superposición de cortes por seguridad y alertas por déficit hídrico genera un terreno fértil para la desinformación y el pánico. Cuando un ciudadano se queda sin luz a las diez de la noche durante el toque de queda, difícilmente puede distinguir si se trata de un operativo militar o de una falla en el suministro.
Por ello, resulta fundamental que el Ministerio de Energía y el Cenace mantengan canales de información claros, oportunos y diferenciados. Publicar horarios exactos de los cortes vinculados a operativos de seguridad, reportes diarios sobre el estado de los embalses y proyecciones de generación ayudaría a reducir la incertidumbre y a reconstruir la confianza ciudadana en un sector que quedó severamente golpeado tras la crisis del año pasado.
Ecuador no puede permitirse otra emergencia eléctrica. La combinación de voluntad política, inversión en infraestructura y transparencia informativa será determinante para que los cortes actuales se mantengan como episodios manejables y no escalen hacia un nuevo colapso del sistema.