El escenario electoral colombiano acaba de experimentar un giro significativo. Paloma Valencia, senadora del partido Centro Democrático y figura emblemática de la derecha uribista, ha protagonizado un salto extraordinario en las encuestas de intención de voto presidencial, pasando del 4% al 16% en cuestión de semanas. El dato no es menor: en un panorama fragmentado, donde ningún candidato supera cómodamente el 20%, ese crecimiento la posiciona como una de las figuras más competitivas para las elecciones presidenciales de 2026.
El ascenso de Valencia no ocurre en el vacío. Se produce en medio de un gobierno de Gustavo Petro que enfrenta niveles crecientes de desaprobación, una crisis de seguridad que no cede y un desgaste político acelerado por escándalos y confrontaciones institucionales. Para quienes siguen la política regional desde Ecuador, el fenómeno tiene resonancias familiares: la demanda ciudadana de orden, firmeza y alternancia frente a proyectos de izquierda que no logran cumplir sus promesas.
¿Quién es Paloma Valencia y por qué crece tan rápido?
Paloma Valencia Laserna es senadora por el departamento del Cauca y una de las voces más reconocibles del Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Con formación en Derecho y una maestría en Escritura Creativa, Valencia ha construido su carrera política sobre tres ejes: la defensa de la seguridad democrática, la oposición frontal al proceso de paz con las FARC en los términos negociados por Juan Manuel Santos, y una postura firme contra el gobierno de Petro.
Su ascenso en las encuestas responde a varios factores convergentes. En primer lugar, Valencia ha logrado diferenciarse dentro de un campo de derecha que hasta hace poco lucía disperso y sin un liderazgo claro. Mientras otros precandidatos como Miguel Uribe Turbay o María Fernanda Cabal compiten por el mismo electorado, Valencia ha sabido capitalizar una combinación de presencia mediática constante, un discurso articulado y una imagen de renovación generacional dentro del uribismo.
En segundo lugar, el contexto la favorece. La gestión de Petro ha generado frustraciones incluso entre sectores que inicialmente le dieron su voto. La inseguridad, el estancamiento de reformas clave y las tensiones con el Congreso han abierto un espacio enorme para candidaturas que prometan un giro hacia la estabilidad y el pragmatismo económico.
El desgaste de Petro como catalizador de la derecha colombiana
Para entender el fenómeno Valencia es imprescindible analizar el momento político que atraviesa Colombia. El gobierno de Gustavo Petro llegó al poder en agosto de 2022 con una agenda ambiciosa de reformas sociales: tributaria, de salud, laboral, pensional y agraria. Sin embargo, a más de dos años de gestión, el balance es mixto en el mejor de los casos.
La reforma a la salud naufragó en el Congreso. La reforma laboral avanzó con modificaciones sustanciales. La paz total —su apuesta más emblemática— enfrenta serios cuestionamientos ante la persistencia de la violencia en regiones como el Cauca, precisamente el departamento que Valencia representa en el Senado. Esta circunstancia le da a la senadora un conocimiento de primera mano sobre los fracasos de la estrategia de seguridad del gobierno, y lo aprovecha con eficacia en su discurso.
Las encuestas reflejan un electorado colombiano que empieza a mirar hacia 2026 con una demanda clara: menos ideología y más resultados. En ese marco, una candidata que promete mano dura contra el crimen, respeto a la propiedad privada y una política económica favorable al libre mercado encuentra terreno fértil.
Implicaciones regionales: ¿un giro a la derecha en los Andes?
El crecimiento de Valencia no puede leerse de forma aislada. Se inscribe en una tendencia regional más amplia. En Ecuador, Daniel Noboa llegó al poder con un mensaje de orden y renovación. En Argentina, Javier Milei representó una ruptura radical con el establishment desde posiciones libertarias. En varios países de América Latina, los electorados están castigando a gobiernos de izquierda que no lograron resolver los problemas estructurales de seguridad y crecimiento económico.
Si Valencia mantiene su trayectoria ascendente y logra consolidar el apoyo del Centro Democrático como candidata única de la derecha, Colombia podría sumarse a esta ola de alternancia. No obstante, el camino es largo y los obstáculos considerables. La fragmentación del campo opositor sigue siendo un riesgo real: si la derecha colombiana llega dividida a primera vuelta, podría repetirse el escenario de 2022, donde Rodolfo Hernández y otros candidatos dispersaron el voto anti-Petro y facilitaron el triunfo de la izquierda.
El salto de Paloma Valencia del 4% al 16% en intención de voto no es solo un dato estadístico: es un indicador del agotamiento del proyecto político de Gustavo Petro y de la reconfiguración del mapa electoral colombiano.
Los desafíos que enfrenta la candidata
A pesar del impulso, Valencia enfrenta desafíos significativos. El estigma del uribismo sigue siendo un factor polarizante en Colombia. Si bien Uribe conserva una base electoral leal, también genera un rechazo profundo en amplios sectores urbanos, juveniles y de izquierda. Valencia deberá demostrar que puede trascender los límites del Centro Democrático y construir una coalición más amplia.
Además, la competencia no vendrá solo de la derecha. Figuras del centro como Sergio Fajardo o nuevos actores podrían disputarle el voto de los colombianos desencantados tanto con Petro como con el uribismo tradicional. La capacidad de Valencia para ampliar su base sin diluir su mensaje será determinante.
Desde la perspectiva ecuatoriana, el proceso colombiano merece atención cercana. Colombia es el principal vecino, socio comercial y actor de seguridad compartida. Un cambio de gobierno en Bogotá tendría implicaciones directas en la lucha contra el narcotráfico, la gestión fronteriza y la cooperación bilateral. El ascenso de una candidata favorable a la mano dura en seguridad podría alinearse con la estrategia que Ecuador impulsa bajo la administración de Noboa, abriendo posibilidades de cooperación más estrecha en un frente que ambos países necesitan reforzar con urgencia.