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Ministro Reimberg confirma que el toque de queda no se extenderá en Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo

Ministro Reimberg confirma que el toque de queda no se extenderá en Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo

La medida de restricción nocturna llegará a su fin en las cuatro provincias tras cumplir el plazo establecido por el Ejecutivo

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El ministro del Interior, José María Reimberg, confirmó este día que el toque de queda vigente en las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas no será extendido. La declaración fue realizada durante una intervención en TC Televisión, donde el funcionario explicó las razones detrás de la decisión y el balance de la medida implementada como parte de la estrategia de seguridad del gobierno de Daniel Noboa.

La noticia, que fue difundida inicialmente por medios como Sucre Noticias y Radio Centro, marca el cierre de un capítulo en la política de mano dura que el Ejecutivo ha desplegado en las zonas más golpeadas por la violencia y el crimen organizado en la costa ecuatoriana.

El contexto detrás de la restricción nocturna

Para entender la relevancia de este anuncio, es necesario recordar por qué estas cuatro provincias fueron sometidas a toque de queda. Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas representan un eje geográfico crítico en la dinámica del crimen organizado ecuatoriano. No se trata de una coincidencia: estas provincias concentran rutas de tránsito del narcotráfico, albergan puertos estratégicos y han registrado tasas de homicidios que superan ampliamente el promedio nacional en los últimos años.

El gobierno de Noboa ha utilizado los estados de excepción y los toques de queda como herramientas recurrentes para intentar retomar el control territorial. Estas medidas permiten la movilización de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad interna, facilitan operativos conjuntos con la Policía Nacional y restringen la circulación en horarios donde la actividad criminal tiende a intensificarse.

La implementación del toque de queda en estas provincias respondió, según explicaciones previas del Ejecutivo, a un incremento en hechos violentos y a la necesidad de desarticular estructuras delictivas que operan con mayor libertad durante la noche. Restricciones similares se han aplicado en distintos momentos desde enero de 2024, cuando Ecuador vivió la peor crisis de seguridad de su historia reciente.

¿Por qué no se extiende? Las señales del gobierno

La decisión de no extender el toque de queda no debe leerse como un repliegue en la estrategia de seguridad del gobierno, sino como un ajuste táctico. Según lo expresado por el ministro Reimberg en su intervención televisiva, la medida cumplió su ciclo y los objetivos operativos planteados durante su vigencia se habrían alcanzado en buena medida.

Desde la perspectiva del Ejecutivo, mantener un toque de queda indefinidamente genera costos significativos: afecta la actividad económica nocturna, impacta a trabajadores informales y del sector servicios, y genera desgaste político. Es una ecuación difícil: la ciudadanía demanda seguridad, pero también normalidad. El gobierno de Noboa ha intentado equilibrar ambas demandas calibrando la duración y el alcance de estas restricciones.

Es importante señalar que el levantamiento del toque de queda no implica necesariamente el fin del estado de excepción, que es una figura jurídica más amplia. Las Fuerzas Armadas podrían continuar desplegadas en labores de apoyo a la seguridad interna, y las operaciones de inteligencia y control no se detendrían por el solo hecho de permitir la libre circulación nocturna. El gobierno ha sido enfático en que la lucha contra el crimen organizado es una política de Estado que trasciende medidas puntuales.

El impacto en las provincias afectadas

Las cuatro provincias donde se levantará la restricción tienen realidades distintas pero comparten un denominador común: la presión del crimen organizado sobre la vida cotidiana de sus habitantes. Guayaquil, capital de Guayas y la ciudad más grande del país, ha sido epicentro de enfrentamientos entre bandas vinculadas al narcotráfico. Los Ríos, históricamente agrícola, ha visto cómo la violencia penetra en cantones que antes eran considerados pacíficos. El Oro, fronterizo con Perú, enfrenta la complejidad adicional del crimen transnacional. Santo Domingo, nudo vial del país, es paso obligado para el tráfico de drogas y armas.

Para los sectores productivos de estas provincias, el fin del toque de queda representa un alivio. El comercio nocturno, la gastronomía, el transporte de carga y la vida social en general se ven severamente restringidos cuando existe una prohibición de circulación. Gremios empresariales de Guayaquil han señalado en ocasiones anteriores que cada noche de toque de queda representa pérdidas millonarias para la economía local.

Sin embargo, también existe una porción significativa de la ciudadanía que ve con preocupación el levantamiento de estas medidas. Encuestas recientes han mostrado que la seguridad sigue siendo la principal preocupación de los ecuatorianos, y muchos ciudadanos perciben que las restricciones, aunque incómodas, ofrecen una sensación de protección.

Lo que viene: el desafío de la seguridad sin restricciones

El verdadero reto para el gobierno de Noboa comienza ahora. Mantener los niveles de seguridad alcanzados durante el toque de queda sin la herramienta de la restricción nocturna exigirá mayor presencia policial, mejor coordinación de inteligencia y resultados operativos sostenidos. La ciudadanía estará observando si el levantamiento de la medida se traduce o no en un repunte de la violencia.

El ministro Reimberg ha dejado implícito que el gobierno no descarta volver a implementar restricciones si las circunstancias lo ameritan. Esta postura refleja una estrategia pragmática: usar las herramientas extraordinarias cuando sean necesarias, pero no convertirlas en la nueva normalidad.

La gestión de la seguridad en Ecuador se ha convertido en un ejercicio de equilibrio permanente entre la necesidad de orden y el derecho a la normalidad ciudadana.

Lo cierto es que el fin del toque de queda en estas cuatro provincias será una prueba de fuego para la política de seguridad del gobierno. Los resultados en las próximas semanas determinarán si la decisión fue acertada o si fue prematura.