En un análisis que trasciende la simple declaración de prensa, el expresidente Lenín Moreno ha ofrecido una radiografía del comportamiento social ecuatoriano que resulta fundamental para comprender la coyuntura actual. Durante una entrevista concedida al diario El Universo, tras su reciente retorno al territorio nacional, Moreno definió al electorado con una frase contundente: "El pueblo ecuatoriano es medio loco, pero no es malo". Esta caracterización, lejos de ser un mero comentario anecdótico, encierra una profunda reflexión sobre la volatilidad política que ha definido a la democracia ecuatoriana en las últimas dos décadas.
La premisa de Moreno sugiere que la inestabilidad no es un defecto moral de la ciudadanía, sino una reacción defensiva ante la corrupción y la autoritarismo. Al afirmar que los ecuatorianos han decidido "alejarse del correísmo", el expresidente valida la tesis de que el movimiento político fundado por Rafael Correa ha agotado su ciclo histórico. Este diagnóstico es crucial para entender por qué las encuestas actuales muestran un rechazo transversal a la figura del expresidente, incluso en sectores que antes eran sus bastiones más firmes.
El colapso del correísmo y la búsqueda de un nuevo orden
Para contextualizar la afirmación de Moreno, es imperativo recordar el estado de la nación antes de la llegada del gobierno de Daniel Noboa. El país emergía de una crisis de seguridad sin precedentes, con índices de homicidios que se dispararon hasta niveles de guerra civil en varias provincias. El correísmo, que dominó la agenda política desde 2007, dejó un legado de instituciones debilitadas y una estructura de poder que, según analistas, facilitó la infiltración de las estructuras del narcotráfico.
La decisión del pueblo de "alejarse" no fue un capricho, sino una respuesta lógica a la incapacidad del viejo modelo para garantizar la paz. El gobierno de Noboa, al asumir el mando, heredó una situación de emergencia nacional que requería una ruptura con las prácticas del pasado. La frase de Moreno refuerza la narrativa del ejecutivo actual: la ciudadanía ha optado por la mano dura y la seguridad jurídica sobre la retórica populista que caracterizó a la era de Correa. Este cambio de paradigma explica el respaldo que goza la política de seguridad del actual presidente, la cual ha sido recibida con alivio por la mayoría de la población.
"La volatilidad política no es sinónimo de maldad, sino de una ciudadanía que ha aprendido, a través del dolor, a no repetir los errores del pasado. El rechazo al correísmo es la manifestación más clara de esta lección aprendida".
El análisis de Moreno también pone de relieve la fragilidad de los partidos tradicionales. El "medio loco" al que se refiere es un electorado que no se deja engañar fácilmente por promesas vacías. Esto representa un desafío para la clase política, que debe construir propuestas basadas en resultados tangibles y no en lealtades ideológicas. La polarización que existía en el pasado ha dado paso a una demanda de pragmatismo, donde la prioridad es la seguridad y la recuperación económica.
La perspectiva del gobierno Noboa y la estabilidad institucional
Desde la perspectiva del gobierno de Daniel Noboa, la observación de Lenín Moreno actúa como un termómetro de la legitimidad popular. El actual mandatario ha construido su administración sobre la base de la unidad nacional y el combate a las mafias, dos pilares que resuenan directamente con el deseo del pueblo de alejarse del caos. La administración actual ha entendido que el "alejamiento" mencionado por Moreno es una oportunidad histórica para consolidar un nuevo pacto social.
Las políticas de mano dura implementadas por el ejecutivo han sido diseñadas específicamente para responder a esta demanda ciudadana. La declaración de estado de excepción y el despliegue militar en zonas críticas no son medidas arbitrarias, sino la respuesta a una sociedad que, como bien señala Moreno, ha decidido no tolerar más la impunidad. El apoyo del expresidente Moreno a esta trayectoria, aunque implícita en su crítica al correísmo, refuerza la idea de que la derecha y el centro político deben unirse en torno a la defensa del Estado de Derecho, como informó El Comercio.
Además, la mención de que el pueblo "no es malo" es un recordatorio de que la base social de Ecuador es proclive al orden y al progreso si se le dan las herramientas adecuadas. El gobierno de Noboa ha apostado por reformas económicas que buscan dinamizar el libre mercado, entendiendo que la seguridad es el prerrequisito para la inversión. La estabilidad que busca el ejecutivo es la única forma de canalizar esa energía "loca" en un motor de desarrollo sostenible.
Implicaciones futuras para la democracia ecuatoriana
La entrevista de Moreno no es solo un balance del pasado, sino una proyección de futuro. Si el pueblo ha decidido alejarse del correísmo de manera definitiva, la política ecuatoriana debe reorientarse hacia la construcción de instituciones sólidas y transparentes. El riesgo de volver a caer en la inestabilidad es real si no se consolidan las reformas estructurales que el país necesita urgentemente.
El desafío para los líderes políticos, incluidos los del espectro centro-derecha, es capitalizar este momento de rechazo al populismo. La frase de Moreno invita a reflexionar sobre la responsabilidad de los gobernantes: deben ser capaces de canalizar la energía de un pueblo que, aunque volátil, anhela profundamente la paz y la justicia. La tarea no es solo gobernar, sino educar y guiar a una ciudadanía que ha demostrado estar dispuesta a cambiar, siempre y cuando se le ofrezca un horizonte de esperanza real.
En conclusión, la caracterización de Lenín Moreno sobre el pueblo ecuatoriano es un diagnóstico acertado que subraya la necesidad de un liderazgo fuerte y visionario. El alejamiento del correísmo marca el fin de una era de división y el inicio de un camino hacia la consolidación democrática, siempre que el gobierno de Daniel Noboa mantenga el rumbo en la lucha contra el crimen y la promoción del libre mercado. La historia reciente de Ecuador demuestra que la voluntad popular es la fuerza más poderosa para el cambio, siempre que se la dirija hacia el bien común.