El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia la mañana del lunes 10 de agosto expuso no solo la vulnerabilidad estructural de las infraestructuras públicas, sino también la capacidad de respuesta institucional ante una crisis extrema. En Cali, el Hospital Universitario del Valle (HUV) se convirtió en epicentro de esta tensión, donde personal médico y administrativo debió gestionar simultáneamente la seguridad física de más de 105 pacientes pediátricos —incluyendo 36 recién nacidos— mientras enfrentaba un colapso parcial de una torre crítica. La acción coordinada permitió evitar mayores pérdidas humanas entre los hospitalizados, aunque el balance final registró seis fallecidos bajo los escombros.
Protocolos en la línea de fuego
Lady Gallego, coordinadora del área de pediatría, relató que ante las primeras sacudidas a las 7:34 a.m., el pánico inicial cedió paso a una ejecución rigurosa de protocolos. La prioridad fue la extracción sistemática de los pacientes, organizando equipos mixtos conformados por personal médico y familiares para cada menor. Gallego destacó que su labor no concluyó con la evacuación del servicio inmediato, sino al verificar uno a uno los seis servicios de pediatría existentes en el recinto.
"Mi prioridad era sacar a todos esos niños... También sentía la necesidad de verificar que todos estaban bien: mis pacientes y mis compañeros", afirmó Gallego desde Cali.
Vulnerabilidad estructural y contingencia
Mientras se ejecutaba esta evacuación, en los quirófanos del quinto piso, la anestesióloga Claudia Komaromi enfrentaba un dilema ético y logístico. Con una paciente de 63 años sedada por neuroanestesiología, no existía margen para evacuarla inmediatamente sin ponerle en riesgo mortal. La doctora optó por permanecer junto a ella, protegiéndola físicamente hasta que el temblor cedió. Esta decisión ilustra la tensión constante entre los protocolos de seguridad y las condiciones reales del edificio.
Lorena León, jefa de comunicaciones del HUV, confirmó que la respuesta fue rápida pero costosa en términos físicos e infraestructurales. Al salir al pasillo, identificó grietas generalizadas en todas las paredes y el colapso parcial de una torre donde se ubicaban áreas críticas como neonatología. La evacuación requirió esfuerzo físico extremo: equipos de hasta 20 personas trasladaron camas con pacientes por escaleras sin energía eléctrica.
Impacto institucional
A pesar del éxito en la preservación de vidas, el hospital operó bajo un modo de contingencia severo. Profesionales no turnados acudieron voluntariamente para reabrir áreas de urgencia improvisadas y quirófanos de emergencia. Las jornadas laborales se extendieron hasta 12 horas antes de los relevos, evidenciando la resistencia del sistema de salud público ante desastres naturales.