En un ejercicio reflexivo sobre la naturaleza del periodismo, se ha hecho público el cierre de una etapa significativa en las páginas de opinión del diario El Comercio. Tras años de publicación semanal, el autor ha decidido dar por concluido su ciclo como columnista dominical, un espacio que describe no solo como una oportunidad profesional, sino como un privilegio cargado de responsabilidad ética y periodística.
La libertad editorial como práctica
El texto destaca la importancia de haber podido desarrollar argumentos y expresar opiniones sin recibir directrices ni condicionamientos sobre el pensamiento del autor. Esta independencia se enmarca dentro de las coincidencias propias de una línea editorial seria, un equilibrio que permite al periodista defender sus convicciones mientras mantiene el rigor informativo. Se subraya que la libertad de expresión no solo debe ser defendida con palabras, sino demostrada mediante los hechos editoriales.
Un vínculo institucional y humano
El columnista reconoce la gestión del director Marcos Vaca Morales y su equipo por el impulso de recuperación del medio tras momentos complejos. Se agradece especialmente a Jenny Martínez por su coordinación profesional durante años, así como al fundador Carlos Mantilla B. por abrir las puertas inicialmente. Sin embargo, el agradecimiento central se dirige hacia los lectores: aquellos que coincidieron con sus ideas y quienes discreparon, entendiendo la columna no como un púlpito de verdades absolutas, sino como un espacio para la reflexión serena sobre temas políticos.
El verdadero privilegio
La conclusión del artículo reafirma que el verdadero valor del periodismo escrito reside en la existencia de una audiencia dispuesta a leer. Sin lectores, las letras pierden su sentido público y se vuelven invisibles. El cierre de este ciclo marca un nuevo camino para el autor, pero deja abierta la posibilidad de futuros cruces con los lectores ecuatorianos.