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Ecuador proyecta duplicar sus exportaciones no petroleras a EE.UU. y alcanzar USD 13.000 millones en cinco años

Ecuador proyecta duplicar sus exportaciones no petroleras a EE.UU. y alcanzar USD 13.000 millones en cinco años

El ministro de Producción delineó la estrategia comercial que busca capitalizar el acercamiento con Washington y la ventana arancelaria favorable

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La relación comercial entre Ecuador y Estados Unidos atraviesa un momento que el gobierno de Daniel Noboa considera histórico. El ministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca anunció que el país se ha trazado una meta ambiciosa pero, según el Ejecutivo, alcanzable: duplicar las exportaciones no petroleras hacia el mercado estadounidense, pasando de los actuales USD 6.500 millones a USD 13.000 millones en un horizonte de cinco años. La cifra no solo representa un salto cuantitativo significativo, sino que revela la apuesta estratégica del gobierno por diversificar la matriz exportadora y reducir la dependencia de los ingresos petroleros.

El contexto detrás de la meta: por qué ahora

Para entender la magnitud de esta proyección, es necesario mirar el panorama comercial actual. Estados Unidos es, junto con China, el principal socio comercial de Ecuador. Sin embargo, a diferencia de otros países de la región como Colombia, Perú o Chile, Ecuador no cuenta con un tratado de libre comercio con Washington, lo que históricamente ha limitado su competitividad arancelaria frente a sus vecinos.

Lo que ha cambiado en los últimos meses es el entorno geopolítico. La administración de Donald Trump ha recalibrado su política arancelaria global, imponiendo tarifas elevadas a productos provenientes de China y otros países, mientras que Ecuador ha logrado negociar condiciones relativamente favorables. El arancel base del 10% que enfrenta Ecuador es significativamente menor al que enfrentan competidores asiáticos en sectores clave como el camarón, el banano y los productos agroindustriales.

A esto se suma el acercamiento diplomático que el presidente Noboa ha cultivado con Washington, incluyendo visitas de alto nivel, cooperación en seguridad y señales claras de alineamiento estratégico. Este capital político se traduce, en la visión del gobierno, en una ventana de oportunidad comercial que no se puede desaprovechar.

La estrategia: sectores clave y diversificación

La meta de USD 13.000 millones no descansa en un solo producto. Si bien el camarón ecuatoriano —que ya domina el mercado estadounidense como principal proveedor— seguirá siendo el motor de las exportaciones no petroleras, el gobierno apunta a diversificar la oferta exportable. Sectores como el cacao y chocolate fino de aroma, las flores, los productos del mar procesados, las frutas tropicales y los alimentos con valor agregado están en el centro de la estrategia.

La lógica es clara: el encarecimiento de productos chinos en el mercado estadounidense abre nichos que Ecuador puede ocupar. El camarón es el ejemplo más evidente. Con China enfrentando aranceles que superan el 100% en algunos casos, los importadores estadounidenses buscan alternativas confiables, y Ecuador está posicionado para capturar esa demanda desplazada.

Pero la estrategia va más allá de aprovechar la coyuntura arancelaria. El ministerio ha señalado que se trabaja en líneas de acción que incluyen la facilitación de trámites para exportadores, el fortalecimiento de la marca país en ferias internacionales, la mejora de estándares fitosanitarios y la negociación de acuerdos de reconocimiento mutuo que agilicen el acceso de productos ecuatorianos al mercado estadounidense.

Las cifras actuales y el desafío de la duplicación

Duplicar exportaciones en cinco años implica un crecimiento anual compuesto cercano al 15%, una tasa considerablemente superior al ritmo histórico. Para ponerlo en perspectiva, las exportaciones no petroleras de Ecuador al mundo rondaron los USD 18.000 millones en 2024, lo que significa que solo el componente dirigido a EE.UU. representaría más del 70% del total actual si se alcanza la meta.

Los analistas reconocen que la ventana arancelaria es real, pero advierten que duplicar exportaciones requiere resolver cuellos de botella estructurales: infraestructura portuaria y logística, acceso a crédito para pequeños y medianos exportadores, estabilidad jurídica para la inversión, y mejoras en productividad agrícola. Ninguno de estos factores se resuelve por decreto.

También existe el riesgo de que las condiciones arancelarias cambien. La política comercial de Trump ha demostrado ser volátil, y lo que hoy es una ventaja para Ecuador podría modificarse si Washington renegocia acuerdos o ajusta tarifas. Apostar toda la estrategia exportadora a un diferencial arancelario temporal sería imprudente sin inversiones de largo plazo en competitividad.

Una apuesta coherente con el modelo económico de Noboa

La proyección del ministro de Producción es consistente con la visión económica que el gobierno de Noboa ha promovido desde su llegada al poder: apertura comercial, atracción de inversión extranjera, reducción de la burocracia estatal y fortalecimiento del sector privado como motor de crecimiento. En este esquema, el Estado no produce ni exporta; facilita las condiciones para que el sector privado lo haga.

Esta filosofía de libre mercado, que contrasta marcadamente con el modelo del correísmo —caracterizado por un mayor intervencionismo estatal y una retórica antiestadounidense—, encuentra en la relación con EE.UU. su prueba de fuego más visible. Si Ecuador logra siquiera acercarse a la meta de USD 13.000 millones, el gobierno podrá exhibir resultados concretos de su giro estratégico.

La meta de duplicar las exportaciones no petroleras a Estados Unidos es ambiciosa, pero refleja una lectura acertada del momento geopolítico. El desafío está en construir las condiciones estructurales para sostener ese crecimiento más allá de la coyuntura arancelaria.

En última instancia, la proyección del ministerio es tanto una meta económica como una declaración de intenciones políticas. Ecuador se está jugando su posicionamiento como aliado comercial preferente de Estados Unidos en la región, y la administración Noboa parece dispuesta a apostar fuerte en esa dirección. Que la apuesta rinda frutos dependerá menos de los discursos y más de las reformas estructurales que se implementen en los próximos meses.