La Red de Observadores Voluntarios del Clima (Volunclima) ha consolidado su presencia en Ecuador durante los últimos cinco años, integrando a 56 ciudadanos que miden las precipitaciones diarias desde sus propias localidades. Esta iniciativa, desarrollada por el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifén), busca complementar la información meteorológica oficial en zonas donde no existen estaciones oficiales, cubriendo una red extendida entre la Costa, Sierra y Amazonía que abarca 35 cantones y 11 provincias. La labor cotidiana de estos voluntarios —que incluyen agricultores, técnicos de gestión de riesgos y docentes— proporciona datos esenciales para la toma de decisiones agrícolas y comunitarias frente a fenómenos climáticos variables.
De la ciencia ciudadana a la resiliencia productiva
Pier Maquilón, especialista en Desarrollo de Servicios Climáticos del Ciifén y coordinador de la red, explica que esta iniciativa nació como un proyecto piloto en Colombia antes de extenderse a Ecuador, Chile, Venezuela y Bolivia. En el caso ecuatoriano, la mayor concentración de observadores se ubica en las cuencas bajas de los ríos Daule (Guayas) y Chone (Manabí), áreas estratégicas para la agricultura nacional pero vulnerables a inundaciones. La red no solo recopila cifras; busca transformar a los participantes en gestores climáticos capaces de interpretar sus propios reportes. Como señala Maquilón, el objetivo es mejorar el conocimiento meteorológico local para que las comunidades puedan prepararse mejor ante sequías o desbordamientos.
El impacto directo en la agricultura y educación
Para los voluntarios, esta tarea trasciende lo académico y se convierte en una herramienta de supervivencia económica. Patricio Zambrano, agricultor de 61 años en Pabón (Chone), lleva cinco años enviando sus datos diarios a las 07:00 desde la estación 'Pato Pabón'. Para él, esta información es vital para ayudar a otros productores locales a prepararse ante el fenómeno de El Niño y los esteros cercanos. De manera similar, Jackson Ortiz, quien cultiva café y cacao orgánico en su finca La Vanilla (Pedro Carbo), utiliza los datos del pluviómetro para decidir si riega sus cultivos ese día. 'Nos ahorramos trabajo, recursos y mano de obra', afirma Ortiz, destacando cómo saber si llovió más de 10 milímetros evita el uso innecesario de agua en un sistema agroforestal que conserva bosques regenerados.
Capacitación constante sin remuneración económica
A diferencia de otros empleos técnicos, ninguno de los voluntarios recibe una remuneración directa por sus reportes. La compensación se basa en la educación y alfabetización climática ofrecida a través de cursos webinars dictados por el Ciifén. Yanina Gómez, especialista en gestión estratégica del centro, detalla que cada participante pasa por un proceso de capacitación para entender los datos sin complicaciones técnicas excesivas. Este enfoque educativo ha permitido casos como el de María Pelay, ingeniera agrónoma y docente en Jipijapa (Manabí), quien organiza a sus alumnos del bachillerato agropecuario para medir la lluvia diariamente. Los estudiantes no solo aprenden a leer instrumentos bajo estándares internacionales (como los pluviómetros Stratus importados por el Ciifén), sino que llevan esa información crítica al hogar, fortaleciendo el vínculo entre educación formal y realidad productiva rural.